La vida de Susana Giménez siempre ha sido un equilibrio entre el glamour y el misterio detrás de bambalinas. Pero la balanza se rompió esta semana cuando su maquillador personal de más de una década, Marcelo R., despedido recientemente por motivos «irregulares», rompió el silencio y reveló un tremendo escándalo que está desatando la Furia de la diva.
Según el testimonio de Marcelo R. en un programa de espectáculos, el motivo de su despido fue una discusión que reveló un lado de Susana Giménez que el público no conoce: el de una diva con exigencias desmedidas. El maquillador filtró un incidente en el que Susana, minutos antes de salir al aire, exigió a un productor que consiguiera, en menos de una hora, una crema hidratante importada y descontinuada, amenazando con cancelar el programa si no se cumplía su capricho.
El productor, desesperado, tuvo que desembolsar una suma cercana a los $[X] pesos para importar el producto de urgencia. La Furia de Susana no era por el producto en sí, sino por la «falta de previsión» del equipo, según el maquillador.
El testimonio de Marcelo R. ha desatado una ola de Furia en el entorno de la diva, que intenta desacreditar las acusaciones. El abogado de Susana Giménez ya advirtió con iniciar acciones legales por «calumnias e injurias», pero el maquillador insiste en que tiene pruebas de esta y otras anécdotas que pintan a la diva con un temperamento difícil y una obsesión por el control total.
El tremendo escándalo toca un nervio sensible en el público: la diferencia entre la imagen pública y la privada. Los fanáticos de Susana, aunque comprensivos, se sienten decepcionados por la Furia y las exigencias que el testimonio revela. Para Susana Giménez, la filtración es una herida abierta que amenaza con eclipsar su carrera. El mundo del espectáculo se pregunta cuánto más revelará su ex empleado.


