La sequía en Mendoza ha dejado de ser una amenaza estacional para convertirse en una realidad crónica. Los ríos menguantes y los diques con niveles críticos pintan un panorama desolador. Sin embargo, en los laboratorios de la UNCuyo, un equipo de hidrogeólogos ha perfeccionado una técnica que podría cambiar el destino hídrico de la provincia: la recarga artificial gestionada de acuíferos.
El método consiste en captar el agua de las escasas lluvias torrenciales y, en lugar de dejarla perderse por escurrimiento, canalizarla hacia pozos de inyección que la dirigen directamente a los acuíferos subterráneos. «Estamos usando el subsuelo como un gran tanque de almacenamiento natural», explica la Dra. Laura Mercado, directora del proyecto. «Evitamos la evaporación, que en superficie puede superar el 70%, y garantizamos agua para las épocas de mayor demanda».
La prueba piloto, realizada en el departamento de San Carlos, demostró una eficiencia del 85% en la recarga. En una sola tormenta, se logró inyectar el equivalente al agua necesaria para regar 100 hectáreas de viñedos durante un mes. La técnica es más barata y sostenible que la construcción de nuevos diques y no impacta negativamente en el ecosistema.
Los agricultores de la zona, antes escépticos, ahora ven esta tecnología como una tabla de salvación. «Es como tener un ahorro en el banco, pero de agua», comenta Juan Pérez, viticultor de la región. El gobierno provincial ya ha destinado fondos para escalar el proyecto a otras zonas críticas, priorizando el Este mendocino. Este enfoque innovador, nacido del ingenio local, posiciona a Mendoza a la vanguardia de la gestión hídrica en zonas áridas, ofreciendo un faro de esperanza en medio de la crisis más grande del último siglo.


