Tras meses de profunda angustia y tensión humanitaria, la situación en la frontera Perú Chile, en la zona de Chacalluta, ha comenzado a normalizarse. El drama de miles de migrantes irregulares que quedaron varados, en condiciones precarias, parece llegar a su fin gracias a un esfuerzo de coordinación binacional. Este desenlace ofrece un necesario alivio en una de las zonas más calientes de la crisis migratoria regional.
La angustia de los migrantes se debía a la imposibilidad de ingresar legalmente a Chile y la dificultad de retornar a Perú o a sus países de origen (principalmente Venezuela y Haití). El punto álgido de la crisis se dio cuando cientos de migrantes quedaron atrapados en un «limbo» territorial, sin acceso a salud básica, comida o refugio, una situación que generó condenas internacionales.
La normalización, confirmada por el canciller peruano, De Zela, se logró a través de un programa de retorno voluntario y organizado. Chile facilitó la documentación y el tránsito para el regreso seguro de los migrantes a sus países, y Perú se comprometió a simplificar los trámites de identificación. Este esfuerzo conjunto, apoyado por la ACNUR, ha reducido drásticamente la cantidad de personas varadas en la frontera Perú Chile, disipando la angustia.
El alivio de esta normalización es una lección para la región: las crisis migratorias no se resuelven con muros o militarización, sino con políticas humanitarias y coordinación. La angustia en la frontera Perú Chile era un síntoma de un problema continental. La solución pasa por asegurar rutas seguras y legales, o el retorno digno. Este alivio es una esperanza para que Argentina, que también enfrenta flujos migratorios, adopte políticas de inclusión y ayuda que pongan en primer lugar la dignidad humana, poniendo fin a la angustia que sufren los migrantes en busca de un futuro mejor.


