Un escándalo de proporciones hollywoodenses expone cómo un lobby de críticos de cine argentinos está manipulando las puntuaciones de las películas locales por razones de amistad o ideología, arruinando carreras y la taquilla en secreto. La revelación de los chats y los acuerdos bajo la mesa ha generado una profunda indignación en la industria cinematográfica mendocina.
El cine argentino siempre ha dependido en gran medida de la recepción de los críticos de cine para asegurar la visibilidad y el éxito en taquilla. Sin embargo, un escándalo que estalló en las últimas 48 horas ha roto la confianza en este sistema, revelando cómo un pequeño grupo de críticos influyentes supuestamente manipula las reseñas, arruinando así el potencial comercial de las películas que no se alinean con su círculo íntimo. La indignación en el sector es palpable.
El escándalo se desató cuando un leak anónimo publicó capturas de pantalla de un grupo privado de WhatsApp utilizado por una decena de críticos de cine de medios nacionales de gran alcance. Los mensajes muestran no solo una coordinación para «hundir» o «elevar» ciertas películas antes de su estreno, sino también la existencia de favores y acuerdos para garantizar reseñas positivas. La manipulación de las puntuaciones en sitios de agregación como Rotten Tomatoes o Filmaffinity se hacía de forma secreta y sistemática.
Una productora mendocina, que prefirió mantener su anonimato, reveló la frustración. «Mi última película fue destrozada por tres críticos de cine del grupo. La crítica era infundada. Ahora entendemos por qué. No fue un tema de calidad, fue un tema de que mi director no pertenece a su círculo social. Este escándalo demuestra que hay una hipocresía que arruina el cine argentino«.
El impacto de este escándalo es directo. Una mala reseña inicial puede sentenciar una película, especialmente si es una producción independiente con un bajo presupuesto de marketing. La manipulación de las puntuaciones por parte de los críticos de cine no solo daña la imagen de la película, sino que pone en peligro la financiación futura y el empleo de cientos de técnicos y artistas.
La indignación no solo se dirige a los críticos de cine implicados, sino a la falta de ética en una industria que debería promover el arte sin intereses personales. La revelación de que el cine argentino está siendo arruinado en secreto por unos pocos gatekeepers exige una auditoría inmediata de las credenciales y las prácticas de estos supuestos referentes.


