La ferocidad del sol veraniego en zonas áridas como Mendoza ha dejado de ser una simple molestia térmica para convertirse en una amenaza estructural para las viviendas. Tras la difusión de un video viral donde un propietario muestra cómo el revestimiento de su casa se transforma en una masa viscosa, el concepto de calor derrite membranas ha pasado de ser un mito urbano a una preocupación científica legítima. No se trata de un efecto visual; el colapso de los materiales impermeabilizantes es una posibilidad real cuando se cruza la barrera de lo que el asfalto puede resistir.
Para entender por qué el calor derrite membranas, hay que analizar la composición de estos materiales. La mayoría de las membranas asfálticas estándar están diseñadas para soportar temperaturas de superficie elevadas, pero tienen un «punto de ablandamiento». El asfalto oxidado común comienza a perder su rigidez a partir de los 70°C. Si bien la temperatura ambiente puede marcar 40°C a la sombra, una superficie de aluminio o una membrana negra expuesta al sol directo en pleno mediodía puede alcanzar fácilmente los 80°C o más debido a la radiación térmica y la falta de ventilación.
Cuando este límite se supera, ocurre lo que los especialistas llaman «fluencia del asfalto». El material se vuelve líquido, pierde su capacidad de adherencia y comienza a deslizarse, especialmente en techos con una mínima pendiente. El video viral que encendió las alarmas muestra precisamente este fenómeno: el material aislante chorreando por los bordes de la construcción. El problema no es solo estético; una membrana derretida pierde su capa de aluminio protectora, dejando el asfalto expuesto a los rayos UV, lo que acelera su degradación y provoca filtraciones inmediatas ante la primera tormenta de verano.
Expertos en construcción aseguran que este fenómeno suele darse por dos factores combinados: temperaturas récord y la utilización de productos de baja calidad o «membranas económicas» que no poseen polímeros de alta resistencia (como el SBS o APP). Las membranas de alta gama están diseñadas para resistir hasta 100°C o 120°C antes de ablandarse, pero la mayoría de las instalaciones domésticas en Argentina utilizan materiales estándar que no están preparados para las olas de calor extremo que se han vuelto frecuentes en la última década.
Para evitar que el calor derrite membranas afecte tu propiedad, la recomendación es clara: el mantenimiento preventivo es la única defensa. Aplicar pinturas reflectivas (blancas o fibradas) sobre la membrana puede reducir la temperatura de la superficie hasta en 20 grados, alejando el material de su punto crítico de fusión. En un contexto de crisis climática, ignorar lo que sucede en el techo de casa puede salir muy caro. La imagen del asfalto derritiéndose no es solo un fenómeno de TikTok, es una advertencia de que nuestras ciudades y materiales deben adaptarse a un nuevo y agresivo estándar térmico.


