La tragedia ambiental que consume el corazón de la Patagonia ha puesto en el ojo de la tormenta la gestión de los recursos aéreos. Con miles de hectáreas reducidas a cenizas, la sociedad argentina se repite una pregunta desesperada: ¿dónde están los Aviones hidrantes en Chubut? Lo que debería ser una flota activa y coordinada de respuesta inmediata se ha transformado en un rompecabezas de burocracia, aeronaves fuera de servicio y una preocupante falta de previsión presupuestaria en este inicio de 2026.
La realidad en el terreno es crítica. Actualmente, la cantidad de Aviones hidrantes en Chubut operativos no llega a cubrir ni la mitad de los focos activos. Según informes de fuentes gremiales del Plan Nacional de Manejo del Fuego, varias de las unidades se encuentran en tierra debido a la falta de repuestos importados y service técnicos que quedaron postergados durante el último semestre. Esta parálisis logística obliga a los brigadistas en tierra a enfrentar paredones de fuego de 20 metros de altura solo con herramientas manuales, esperando un apoyo aéreo que muchas veces llega tarde o con una capacidad de carga limitada.
La desarticulación del sistema de protección civil ha dejado al descubierto una verdad incómoda: el equipamiento está envejecido. Gran parte de los Aviones hidrantes en Chubut son modelos con décadas de servicio que requieren un mantenimiento intensivo que hoy no se está garantizando. A esto se suma que los helicópteros de gran porte, capaces de succionar agua de lagos cercanos para descargas rápidas, dependen de contratos temporales con empresas extranjeras que, debido a la inestabilidad cambiaria, no se han renovado a tiempo para la temporada de incendios estivales.
El impacto de esta ausencia es devastador. Sin el ataque directo desde el cielo, el incendio en zonas de alta montaña —donde el acceso por tierra es físicamente imposible— se vuelve incontrolable. Los expertos advierten que un solo avión AT-802 bien equipado puede hacer el trabajo de cien hombres en laderas escarpadas, pero hoy ese recurso es un lujo escaso. Las condiciones meteorológicas, con ráfagas que superan los 60 km/h, reducen aún más la «ventana de vuelo», haciendo que cada minuto que una aeronave pasa en el taller sea una sentencia de muerte para cientos de hectáreas de bosque nativo.
Desde Box Diario, exigimos respuestas claras sobre el paradero y el estado de los recursos. La pérdida de nuestro patrimonio natural en Chubut no es solo una consecuencia del cambio climático, sino de una gestión ineficiente que parece haber olvidado que el fuego no espera. Hoy, el sonido de los motores en el aire es lo único que puede devolver la esperanza a una región que se siente abandonada a su suerte entre el humo y la desolación.


