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    Lomo de burro y la polémica legal por los daños que causan en tu vehículo hoy

    Cruzas la calle, el impacto es seco y el ruido metálico te confirma lo peor: rompiste el cárter o la suspensión. La proliferación de reductores de velocidad que no cumplen con las normas técnicas está desatando una ola de juicios contra los municipios.

    Lo que debería ser una herramienta de prevención vial para proteger al peatón se ha convertido, en muchos rincones de Mendoza, en una trampa mortal para la mecánica de los automóviles. El lomo de burro mal diseñado o insuficientemente señalizado es motivo de una indignación creciente entre los conductores, que ven cómo sus vehículos sufren daños costosos por culpa de infraestructuras que violan las propias leyes de tránsito. La polémica no es solo estética o de fluidez; es una cuestión de responsabilidad civil que los municipios ya no pueden ignorar.

      Según la Ley Nacional de Tránsito, un lomo de burro debe cumplir con dimensiones específicas de altura y ancho, además de estar precedido por cartelería de advertencia y pintura reflectante tipo «cebra». Sin embargo, la realidad mendocina muestra «montañas» de asfalto construidas por vecinos o comunas que exceden el límite de despeje de cualquier auto estándar. El golpe seco al cruzar estos reductores afecta directamente los amortiguadores, los bujes de parrilla, los extremos de dirección y, en los casos más graves, puede perforar el cárter, provocando una pérdida total de aceite y la fundición del motor en pocos metros.

      La indignación de los usuarios radica en la falta de coherencia: se exige tener la Revisión Técnica Obligatoria (RTO) al día, pero el propio estado municipal destruye el tren delantero con un lomo de burro que parece un escalón. ¿Quién paga los platos rotos? Expertos en derecho vial aseguran que el conductor tiene herramientas para demandar. Si el reductor no cumple con la normativa de señalización o dimensiones, la responsabilidad recae sobre el ente gubernamental que lo instaló. El proceso implica sacar fotos del obstáculo, de los daños en el auto y contar con testigos, un camino burocrático que muchos evitan por falta de tiempo pero que es la única forma de frenar la desidia.

      Además del daño material, el lomo de burro antirreglamentario puede provocar accidentes. Una frenada brusca al encontrarse con un lomo invisible por falta de pintura suele terminar en choques por alcance. Incluso, para los vehículos de emergencia como ambulancias o bomberos, estos obstáculos representan una demora crítica que puede costar vidas. La solución no es eliminar la reducción de velocidad, sino migrar hacia sistemas modernos como las «mesetas» peatonales o los radares de velocidad, que son mucho más efectivos y menos dañinos.

      En Box Diario, alzamos la voz ante este problema que afecta a miles de mendocinos. No se puede hacer seguridad vial a costa de destruir la propiedad privada de los ciudadanos. Es imperativo que las nuevas obras de infraestructura respeten las normativas técnicas y que los «lomos de burro» existentes sean auditados y rectificados. Hasta que eso pase, la precaución extrema es la única defensa de tu bolsillo frente a un asfalto que, a veces, parece ser el enemigo.

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