El universo de los influencers se rige por leyes de autenticidad que, cuando se rompen, generan terremotos de críticas en las plataformas digitales. En Mendoza, el nombre de Milica ha vuelto a escalar a los primeros puestos de las tendencias, pero no por su contenido de estilo de vida, sino por una curiosa metamorfosis lingüística que sus seguidores consideran una falta de respeto cultural. El fenómeno, que ya se bautizó en redes como Milica acento venezolano, es la evolución de una «funa» que la persigue desde hace años: su extraña capacidad para adoptar tonadas extranjeras de forma selectiva.
Durante meses, Milica fue el centro de los memes y reproches por utilizar un marcado acento colombiano en sus videos. La explicación de la joven siempre fue la misma: vivió un tiempo en Colombia y la cadencia del habla «se le pegó». Sin embargo, para los usuarios de X y TikTok, esta justificación resulta insuficiente y hasta caricaturesca. Lo que para ella es un proceso natural de asimilación, para su audiencia es una actuación forzada que busca validación externa o una personalidad prestada para ganar relevancia en mercados específicos.
La noticia de la captura de Nicolás Maduro en Venezuela ha sido el catalizador de una nueva ola de indignación y sarcasmo. «Preparen los oídos, se viene el Milica acento venezolano«, es el comentario que se repite en cadena en cada una de sus publicaciones. La predicción colectiva sugiere que, ante la relevancia histórica del evento en el país caribeño, la influencer no tardará en mostrarse conmovida utilizando giros idiomáticos típicos de Caracas o Maracaibo. Esta sospecha de «camaleonismo oportunista» ha calado hondo en una comunidad digital que ya no tolera la impostura.
El problema de fondo que rodea a Milica acento venezolano no es meramente fonético, sino de identidad. En la era de la sobreexposición, la apropiación de un acento ajeno es vista como una herramienta de marketing vacía de contenido real. Los críticos señalan que es imposible que una persona cambie su estructura fonológica de un día para el otro solo por «empatía» con una noticia viral. La indignación radica en la percepción de que la influencer utiliza las crisis o los contextos nacionales de otros países como un accesorio para su marca personal, vaciando de significado las luchas y la cultura de esos pueblos.
Mientras Mendoza observa con asombro este duelo entre la influencer y su audiencia, la pregunta queda flotando en el aire: ¿es posible que alguien sea tan permeable a su entorno, o estamos ante una estrategia de visibilidad basada en la controversia? Por ahora, el silencio de Milica respecto a las burlas solo alimenta la expectativa. Los usuarios ya tienen los cronómetros en marcha, esperando el video donde, mágicamente, los modismos colombianos desaparezcan para dar paso al nuevo y anticipado personaje venezolano de la temporada.


