A pesar de los esfuerzos de los bomberos, el intendente advirtió que aún quedan focos activos en la zona industrial, manteniendo la alerta máxima. La principal preocupación ahora es el contenido de los depósitos de Iron Mountain y otras fábricas afectadas, cuyo valor podría superar los miles de millones de pesos.
Tres días después de la terrible Explosión Ezeiza que sacudió la tranquilidad de la zona industrial, la situación sigue siendo de máxima alerta y miedo. El intendente de la localidad advirtió esta mañana que «aún quedan focos activos» en las instalaciones afectadas, lo que complica las tareas de enfriamiento y la realización de las pericias clave para determinar el origen del fuego. El miedo no es infundado: la persistencia de las llamas y el humo negro mantienen en vilo a los vecinos y a las empresas linderas.
Las pérdidas materiales tras la Explosión Ezeiza ya son catalogadas como incalculables. Las llamas avanzaron sobre un depósito y un amplio estacionamiento, generando destrozos que superan las estimaciones iniciales. Si bien no se han reportado víctimas fatales, la investigación sobre las causas del incendio se ha vuelto la prioridad absoluta. Se barajan múltiples hipótesis, desde un accidente eléctrico en el área de stock hasta un evento deliberado, aunque ninguna ha sido confirmada.
Uno de los puntos de mayor preocupación es el contenido de los depósitos afectados, especialmente el de Iron Mountain, una empresa dedicada al manejo y resguardo de información. Aunque las autoridades no han detallado qué archivos o bienes de alto valor pudieron haberse destruido, la experiencia de siniestros anteriores en este tipo de empresas genera preocupación por la posible pérdida de documentación sensible de otras compañías.
El miedo también se centra en la calidad del aire. La explosión y el posterior incendio generaron una nube de humo tóxico que se dispersó por la zona, obligando a las autoridades a emitir recomendaciones sanitarias a la población más cercana. Los peritos de la Policía Científica han comenzado la investigación sobre el origen del incendio, pero la persistencia de los focos activos impide un acceso total a la «zona cero».
La Explosión Ezeiza no solo es una catástrofe material, sino también un llamado de atención sobre la seguridad industrial y los protocolos de emergencia en las grandes plantas de almacenamiento. La necesidad de avanzar con reformas que impulsen la formalización y la seguridad en el trabajo, como insiste la Unión Industrial Argentina (UIA), se vuelve imperiosa.
El mensaje del intendente sobre los focos activos reaviva el miedo en una población que ya se sentía aliviada. Las autoridades están trabajando contra reloj para controlar por completo la situación y poder garantizar la seguridad en la zona. Las próximas horas serán cruciales para que las pericias puedan avanzar y se pueda arrojar luz sobre qué desencadenó este pánico y las pérdidas incalculables que ha dejado.


